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Tarde silenciosa y (casi) muerta

El suelo del piso está salpicado
por montones de pelo de mi gato
el nervioso
que ni se deja acariciar.
Me hago un té caliente de menta
para no pasar frío
a estos treinta y tres grados
un día de mayo
en Almería.
Pasa por mi ventana
un señor con presbicia
con el móvil a medio metro de su cara.
A ver si nos mandan las notas,
a ver si nos mandamos a la mierda,
dejamos de lloriquear por el modelito de la Dulceida
o Inditex detiene las manos de mis hermanas
que bordan feminist en sus marcas.
A ver si dejo de escribir boberías
porque eso significará
que ya no me hace llorar
aquello por lo que odian a las feministas.


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