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Épocas de mi vida

21 abr. 2014

Mierda ebria

Perdona si te molestan los golpecitos en el brazo. Me resulta extraño tenerte frente a mí, y me gustas más de lo que recordaba. Es por eso que me pones. Y de los nervios también. Y voy a serte sincera. Estoy un poco borracha. 
Estás tan cambiado... Y yo estaba tan acostumbrada a encontrarte en mis recuerdos que hasta había olvidado la forma en la que siempre me has mirado. En eso sigues igual. 
¿De qué estamos hablando? Hace un rato que lo único que hago es asentir como una gilipollas y mirarte a los ojos. Más bien me ahogo en ellos. Tienes unos ojos preciosos. Cualquiera se sentiría poderosa sabiendo que le pertenece esa mirada. Y créeme; me estás dando la fuerza suficiente para declararte la guerra. 
Que es noche cerrada, y hace un rato que te miro la boca.
Que alguien acaba de romper una botella en la otra calle, y creo haberlo oído en otro planeta. Que hay cuatro taxistas detrás de nosotros y preveen nuestras intenciones. Que este banco está cogiendo la forma de nuestro culo y tengo ganas de acampar. 
Que el tiempo pasa. Ni lo notamos, pero seguimos sintiéndonos el pecho. Y lo oprimimos.
Te vas ya, y yo no sé si cogerme un taxi, irme descalza hasta mi casa con las medias rotas o bajarte esta media luna para que te quedes. 
Entonces regreso a la Tierra en cuanto noto tu mano rodeándome la cintura. ¿En qué momento nos hemos levantado del puto banco? Y por fin me vuelvo muda. Quiero besarte. No puedo más. Pero algo en mi interior me detiene y no lo hago.
Joder, sí que voy mal. Y me llevas así, agarrándome de la cintura con mi brazo rodeando tu cuello hasta un taxi. "¿Estás bien?". Esa pregunta me parece insultante; ¿acaso se puede estar mejor? "Estoy bien, en serio puedo irme so...". Me abrazas. Te he echado echo de menos.  Mucho. Y me hundo en tu abrazo. Y se me escapa una lágrima. Es ridículo que la magnitud de mis sentimientos se exterioricen en una diminuta y fugaz gota. Pero es porque el corazón me está delatando; late con fuerza contra ti. Supongo que por eso te separas. Me miras a los ojos y el tiempo se detiene. Tú también me echas de menos. Tú también sientes lo mismo que yo. Tú me quieres. "Espero verte pronto, cuídate". Sólo me sale sonreírte, con la boca, con los ojos. Como una gilipollas. Porque sé que como pronuncie una sola letra, romperé a llorar. 
Me subo al taxi. Te vas. Y ahora sí, me desbordo. "Espero verte pronto". ¿Qué clase de tortura es esta? No quiero estar así, no quiero llorar. No... Lo único que quiero es bajarme de este coche, correr y gritarle a los cuatro vientos que te necesito. Pero no. Ahora mismo soy demasiado masoquista. Demasiado cobarde. Al fin y al cabo, otro día más que nos hemos empeñado en aparentar que nos importamos una mierda.

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