Casi siempre, casi nada.

No sé si es por el alcohol o es que he oído esa canción que me obliga cada vez que suena a recordarte.
Despistaos

 Vas andando por la calle. Tu paso de todos los días. Caminas rápido, porque piensas que así llegarás antes a casa y el camino se hará más llevadero. Vas pensando en las últimas semanas, cómo las has pasado y, lo que es más importante, con quién las has pasado. Es increíble la capacidad que tienen algunas personas para cambiarte la vida. Pero es aún más sorprendente lo que él te hizo sentir sin apenas conocerlo. Sonrisas, abrazos, besos, palabras. Felicidad en estado puro. Pero fue precisamente eso lo que os hizo fallar. No conocerlo lo suficiente. Sigues caminando, y ahora piensas en los últimos días. No estás bien. Aunque él te hiciera feliz por unas semanas, en cuestión de un minuto echó abajo tu mundo. El vuestro por entonces. Y en este momento ahora él está con otra. Sientes que te utilizó, que no fuiste más que un capricho. Pero, aunque nunca lo reconocerás, sabes que él también fue feliz contigo aunque no tuviérais un final de película. Y sientes ganas de llorar. Se te oprime el pecho y sientes un nudo en la garganta. Pero de repente, mientras caminas, tropiezas con un bordillo mal colocado en la acera y te caes. "Qué tonta", piensas. Pero en seguida te levantas. No importa que te hayas levantado por no pasar vergüenza o simplemente por volver a casa cuanto antes. Te has levantado tú sola y casi de inmediato. Ya ha desaparecido el nudo en la garganta y con él, las ganas de llorar. Quiero que hagas eso todos los días, que te levantes sola sin tristeza, con ganas. Que nadie te vea llorar. Demuéstrale a los demás quién eres y cómo vas a ganarte el mundo. Levántate.

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