Firmando la paz

Ni te vuelves de piedra de la noche a la mañana, ni las piedras lloran.

El vértigo que me das, el miedo que te llevas
cuando sé que estás planeando una revolución mientras me miras a los ojos.
Es por eso, por si sube la marea, y yo no llego a ver el amanecer,
por lo que te quiero en nosotros.

Pero no te preocupes, volveremos cuando anochezca y estemos dispuestos a pedir guerra.

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