Otra vez la primavera

Un clavo saca a otro clavo en la realidad de los mediocres. Ovación para los que lo han hecho y son felices. Enhorabuena. Yo soy incapaz de engañarme mirando otras manos diferentes a las suyas.
Los refraneros, las frases alentadoras, los tópicos amorosos,... Son nada. Pura palabrería para necios que aceptan como verdaderas premisas de guardería para el corazón. 

Lo dice la que ya no se emborracha por no encontrárselo sin que aparezca,
la que se sigue quemando el dedo cada vez que prende el mechero,
porque nunca le han gustado los incendios
y ahora enciende cigarros deseando que las cenizas cobren vida,
la de dieciséis o dieciocho,
o quizás cincuenta
conversaciones
pendientes...
que a veces cuestas.

Mencionar la primavera,
leer a Neruda sin entender una mierda,
follar cuerpos,
ignorar ambiciones,
deseos...
Sus pasos en mi puerta,
sus dedos en mi cuerpo,
que los clavos ardan,
que me clave su mirada,

y dibuje la primavera de memoria,
ya sin manos,
ya en la cuerda floja.





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