Derrotada

Tú, que sin saberlo te alistaste contra mí.
De trinchera, una cama. No teníamos por donde escapar.
Se avecinaba una guerra. De las grandes.
Tu boca contra mi cuerpo. Mis piernas rodeándote.
Heridas en los brazos, la espalda, el cuello...
Y con el miedo de un niño al que su pelota rueda hasta la multitud de coches, explosiones. El corazón latiendo en todas partes. Y digo miedo porque no éramos conscientes de lo que hacíamos. No éramos consecuentes.
"Miénteme". "No quiero". "Hazlo". "No, no puedo". "¿No quieres o no puedes?". "No... Te quiero". "¿Tan difícil era?". "No me has entendido...". "Cállate ya".
Te dije que me mintieras. Y me mentiste. Al decir la verdad. Y nuestra guerra acabó. Sin paz, pero sin luchas. Sin armas, pero sin corazón. Contigo, pero sin mí.

A veces la verdad la tenemos delante de las narices, en lo más evidente, y nos negamos a mirarla porque no la queremos. No se ajusta a nuestros planes la muy puta. Y no quise pagar por ella.
Y la estoy pagando ahora. Cuando ya no hay más que cenizas...
Mi guerra. Contra mí.


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