Tu peor error.

Poco a poco he ido olvidándote. No ha sido fácil. Pero era lo que había que hacer y lo que quería hacer, pues sabía que no podíamos seguir buscándole final a una historia que acabó en el momento que empezó. 
A día de hoy se me dibuja una sonrisa al recordarte y no se me llenan los ojos de lágrimas. Porque ya no dueles. Conocerte mejor fue lo que me hizo descubrir que no te merecía. En este caso tú fuiste la cura y a la vez la enfermedad.


He tocado con la punta de los dedos ese cielo que prometes con tus besos. Como un niño me creí todos tus cuentos y aunque tú me entiendas, yo ya no te entiendo. 
La Quinta Estación 

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