-Conseguí su número y le mandé un mensaje. Fingí que me había equivocado y le envié esta frase: "Te miraría millones de veces sin aprenderte nunca de memoria."
-¿Y después qué hiciste?
-Nada. Esperé toda la tarde. Pensé que, teniendo en cuenta su manera de ser, al final acabaría respondiendo.
-¿Por qué? ¿Cómo es su manera de ser?
-Educada y lineal. Estoy seguro de que cuando leyó el mensaje una parte de ella quería responder por educación y la otra tenía miedo de hacer algo inapropiado.
-¿Y al final?
-Me contestó. Mira: "Creo que se ha equivocado de número." A continuación yo le escribí: "¿Y si ha sido la fortuna la que ha hecho que me equivoque? ¿Y si es cosa del destino?" Me pareció oírla reír.
-¿Por qué?
-Porque era el momento oportuno. Para cualquier mujer, incluso para la que se siente más realizada, con hijos, con una familia estupenda, satisfecha con su trabajo, siempre llega un momento en el que se siente sola. Y entonces se acuerda de lo que la ha hecho reír. Y, sobre todo, de quién lo provocó.

Esta noche dime que me quieres

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