Cerraba el portal deprisa y subía las escaleras, sin mirar atrás.
Corriendo.
Porque es instintivo pensar que si te vas corriendo será más fácil no darte la vuelta. Porque te parece que cuanto más lejos estés, más pequeño y distante verás lo que dejas a tu espalda.
Pero las reglas de la perspectiva no son válidas en el amor. Puedes alejarte mil kilómetros, meses, años, pero sólo con volverte un segundo, con bajar un poco las defensas y dejarte vencer por el recuerdo, allí estará, guapo como siempre, con sus ojos pegados a los tuyos, con su mano intentando retenerte, con su perilla y su barba de algunos días que irrita la piel, con su boca que viaja sobre tu cuerpo, viaja, sí, porque el amor utiliza extraños medios de transporte.
Bastará ese instante para que al final comprendas que no te has alejado tanto, que no has recorrido mucho camino.
Será suficiente para que te sientas frágil, para que vuelvas a sentir esa ansiedad.

Las estrellas se pueden contar

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