La última página.

La historia de siempre,
quizá algo más breve y más lejos:
allí siempre llueve y aquí no te tengo.
Algunos matices,
palabras de nuevo y comprendo
que las cicatrices no las borra el tiempo.
Me quedo mirándote.
Te veo salir por la puerta de atrás.
No sé si esperarte,
seguirte hasta Marte
o meterme en un bar...
No sabes qué sientes.
Yo, sé que ni a ostias aprendo.
Y aunque a veces dueles, a veces te quiero.
Ya me lo advertiste,
pero es que no tengo remedio.
Y los días grises los llevo por dentro.
Me quedo mirándote.
Te veo salir por la puerta de atrás.
No sé si esperarte,
seguirte hasta Marte
o meterme en un bar...
Arranqué la última página y borré de mi cabeza el texto.
Sabía que esto iba a pasar y no lo entiendo.

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