De vacíos

Ten cuidado, no vayas a pillarte los dedos con la cremallera de mi corazón. 
Lo sé, es un puto desorden, pero ya que has revuelto mis planes, le he puesto tu nombre a este caos. 
Lee la letra pequeña de las cartas, la mayoría son para ti. Hace tiempo que decidí hacerte inmortal tecleando. 
Sal los miércoles. Porque fue la cerveza quien me delató. Porque la vergüenza era verde y se la comió una cabra. Porque nos conocemos de tanto que damos asco. Porque no tenemos razones para reprimir las ganas. Y llevo piruletas en los bolsillos. 
Se me agrietan los labios y se me seca la boca. Tengo sed de un beso tuyo. O varios. 
Esto no es ninguna declaración. Trata sobre vacíos.
Empezando por mi cama. Que suene a tópico, que se me está haciendo típica la monotonía de no encontrarte y te quiero. Y en el colchón también. 
Mátame, cómeme, ahógame a besos. Que al menos me iré feliz. 
Me he visto sonriendo en tus ojos y, joder, qué bonita me hace el marrón. 
Me he visto en tus manos. Me has desvestido con las mismas. Preciosa perspectiva del mundo ahora que no llevamos ropa.
Me he visto gritando, gimiendo, sin pudor. Asustando al miedo encima de ti. Le he gritado que ya no lo quiero. Y se ha ido a cascársela el muy cabrón. 
Le sonrío al destino, que parece que ha estado una vida preparando esto. Y qué si vamos sin frenos y con unas copas de más. 
Ya te he pisado los pies unas cuantas veces en este baile 
y eres tú 
el que no me suelta la cintura. 


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